La ciudad, el paisaje, la historia, los orígenes, la familia...caracterizan sutilmente la vida y la obra de Giacomo Puccini.Hay mucha tradición, y eso también significa rutina.Mucho provincianismo, y eso también significa deseo de fama.
Se requería todo el arte de Netrebko para hacernos olvidar el fastidio de la puesta en escena, y lo logró.Ha sido uno de sus papeles mayores en cuanto a variedad de fraseo y exhibió sus medios vocales intactos
Dejamos a cargo del lector la tarea de disfrutar la música de Giacomo Puccini mientras nos dedicamos a repasar dos aspectos menos conocidos de su vida: sus viajes y las obras que presenció como espectador.
Para el Teatro Colón parece que no existen más que cuatro óperas de Giacomo Puccini: 'Madama Butterfly', 'Tosca', 'La Boheme', y la póstuma 'Turandot'.Hace más de veinte años que no se programan 'La Fanciulla del West' y 'Manon Lescaut';
Tuvimos un vestuario suntuoso, unos decorados fastuosos, luces magníficas y una coreografía convencional pero elegante y nada molesta.Los intérpretes actuaron bien o bastante bien y sobre todo pudieron cantar en paz.
Es el protagonista de los álbumes 'Hans Sitt: Viola and piano Works' de la violista Alicia Calabuig y el pianista Jorge Blasco, publicado por Eudora, y de 'IX x 2' publicado por Brilliant Classics.
La incomparable Cecilia Gagliardi, esa verdadera estrella de la actual temporada, esa «Iseo», que, sin duda, realiza el ideal del coloso de Leipzig, tiene, no sólo una voz, una figura, unos ademanes, unas actitudes, una fisonomía y una expresión encantadores, sino gusto tan exquisito para cantar, decir y sentir, como para ataviarse
Con Caballé, Liù posee a Turandot desde el mas allá: su Turandot del acto III, y solo en el acto III, suena como Liù.A mí, como feminista, que el espíritu sumiso y bobo de Liù gane la partida me parece una mala noticia, pero como amante de la opera me interesa y deslumbra que la interprete enmiende la plana al compositor y me abre la puerta a pensar en el argumento y los personajes.
Es frecuente leer y escuchar dos afirmaciones lapidarias: que la ópera como género está muerta y que después de Puccini (o de Strauss) no se han compuesto más títulos dignos de ser recordados.La primera la desmentía, antes de la landa desolata que ha provocado la crisis del COVID-19, la programación tan dinámica de miles de teatros de la cultura occidental.
Seremos sin duda muchos los que hayamos escuchado estas palabras, casi las primeras, cuando logramos finalmente ver en teatro a Mirella Freni.Hoy me han vuelto como una flecha cuando me enteré de su fallecimiento.