España - Galicia

Miradas sobre la modernidad

Territorialidades musicales

Xoán M. Carreira
miércoles, 18 de mayo de 2022
Peter Sculthorpe © 2014 by Daily Telegraph Peter Sculthorpe © 2014 by Daily Telegraph
Santiago de Compostela, jueves, 5 de mayo de 2022. Auditorio de Galicia. Real Filharmonía de Galicia. Paul Daniel, director. Peter Sculthorpe, Earth Cry. Jean Sibelius, 2ª Sinfonía en re mayor, op 43. Ciclo Viaxes, Do sur ao norte. Asistencia: 50% del aforo
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En este nuevo programa de su ciclo 'Viaxes', la Real Filharmonía de Galicia (RFG) se mueve entre dos periferias muy lejanas entre sí, Australia y Finlandia, en un recorrido en el que Richard Strauss ejerce la anónima función de guía, oficio en el cual don Ricardo tiene notable experiencia y ha conseguido hitos históricos tan señalados como el de haber servido de guía en la etapa de definición de la banda sonora filmíca. 

Décadas antes de que esto sucediera, Strauss guió a muchos compositores en la búsqueda de su propia territorialidad musical, entre ellos a Jean Sibelius (1865-1957), que hasta 2015 -con las conmemoraciones del 150 aniversario de su nacimiento- seguía sufriendo la poco honorable etiqueta de 'compositor nacionalista'. Nacionalismo es un concepto exclusivamente político, artificial, inventado y variable, puesto que no remite a nada tangible. En arte se emplea desdeñosamente para referirse a cualquier tipo de producción periférica al canon eurocéntrico y sólo en música se sigue usando -cada vez menos y por parte de autores histórica y culturalmente desinformados- como categoría estética. 

Finlandia para Sibelius y Australia para Sculthorpe fueron desde luego su territorio físico y paisajístico, pero también su territorio espiritual, cultural, antropológico, social y muchas cosas más. Lo fueron en grado sumo y alcanzaron a expresarlo también musicalmente con tal excelencia que obtuvieron el aprecio, la admiración, el cariño y el respeto de sus conciudadanos ... posición desde la cual desarrollaron una brillante carrera internacional que los ha incorporado al repertorio de la música occidental. Creo necesario recordar -y disculpen mis lectores la impertinencia- que Australia y Finlandia son "Occidente" a todos los efectos, por muy periféricos que parezcan cuando los vemos en un planisferio de proyección centroeuropea. 

En los años 1960, en plena crisis de las vanguardias y auge de las miradas occidentales paternalistas hacia las músicas africanas y asiáticas, Peter Sculthorpe (1929-2014) irrumpió en los salottos filarmónicos más bienpensantes proponiendo una perspectiva tasmana: periferia respecto a la periferia y lugar que por aquel entonces, y desde nuestro norte hegemónico, era sólo el lugar de origen de un entrañable y malhumorado personaje de los dibujos animados de Hanna-Barbera. 

La propuesta de Sculthorpe parecía una más de las múltiples variantes de las utopías hippies, pero apenas se rascaba en su superficie revelaba una revolucionaria reivindicación de Tasmania -Australia- Pacífico Sur como "Occidente". Para Sculthorpe, obviamente, las músicas formales en general y la vanguardia musical en concreto eran objetos de museo y formaban parte del pasado. Pero la renuncia a su valor como paradigma estético no era en absoluto incompatible con la utilización de sus procedimientos y recursos técnicos. 

Earth Cry (1986) es una perfecta muestra del universo ético y estético de Sculthorpe, quien tenía un especial aprecio por esta obra que consideraba el reflejo de "un vasto y solitario paisaje australiano, basándose en efectos de zumbadores aborígenes, tambores resonantes y sonidos derivados de la vida silvestre". 

Paul Daniel tuvo que sustituir a última hora a la directora prevista para este programa, Jessica Cottis (Victoria, Australia, 1979), e ignoro si ya había dirigido previamente Earth Cry o tuvo que estudiar la obra para la ocasión. Sea como fuere, su interpretación demostró una honda comprensión de Earth Cry [lo afirmo porque he consultado la partitura (London: Faber Music, 1998. ISBN 0571518435)], una concepción personal de la misma y un muy competente y meticuloso trabajo de ensayo. La RFG tocó con una convicción y entrega que sedujo a un público sorprendido con la belleza, emoción y potencia retórica de Earth Cry. 

Daniel y la RFG subieron aún más el listón con una interpretación memorable de la 2ª Sinfonía en re mayor de Sibelius, pletórica de detalles, lógica interna, efusividad, matices, emoción y -por último que no lo último- belleza. El público ovacionó entusiasmado y a la salida se escuchaban por doquier comentarios de satisfacción, mientras el fantasma de Richard Strauss abandonaba el Auditorio de Galicia con una beatífica y pícara sonrisa. 

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