Discos

Der Tenor

Raúl González Arévalo
jueves, 26 de noviembre de 2015
Jonas Kaufmann: 50 Great Arias. Romantic Arias (Puccini, Bizet, Flotow, Verdi, Weber, Massenet, Gounod, Wagner, Berlioz). Mozart, Schubert, Beethoven, Wagner. Verismo Arias (Zandonai, Giordano, Cilea, Leoncavallo, Mascagni, Boito, Ponchielli, Recife). Wagner. Jonas Kaufmann, tenor. Prague Philarmonic Orchestra, Mahler Chamber Orchestra, Accademia Nazionale di Santa Cecilia, Orchester der Deutschen Oper Berlin. Marco Armiliato, Claudio Abbado, Antoni Pappano, Donald Runnicles, directores. 4 CD (DDD) de 65+69+61+74 minutos de duración, grabados en 2007-2010. DECCA 478 7646. Distribuidor en España: Universal.
0,000204

Decca junta en una sola caja los cuatro recitales que ha sacado de quien se ha convertido en el tenor de la casa junto con Juan Diego Flórez. Otros han aspirado al trono, desde Marcelo Álvarez –un contrato en exclusiva y un solo álbum– hasta Joseph Calleja –tres álbumes desde 2004– pero ninguno ha terminado de cuajar. Sólo el alemán ha mantenido un ritmo de grabación y un nivel constante de aceptación de crítica y público.

Vaya por delante que las cuatro cajas se ofrecen sin las notas de acompañamiento originales y sin los textos de las arias grabadas. Realmente es deplorable esta costumbre de reeditar álbumes privándolos de una información cuanto menos necesaria. Al menos podría preveerse la opción de descargar el archivo en pdf.

Respecto a los álbumes, bien conocidos, el menos logrado de todos es el primero, Romantic Arias. De todos los programas es el menos original, el más comercial y el menos pensado para las características específicas de Kaufmann. Así, junto a papeles que encarnaría posteriormente con notables (Don Carlos, Faust) o excelentes resultados (Mario Cavaradossi, Don José, Werther), hay otros con los que directamente resulta muy difícil identificarlo. Es el caso de Alfredo Germont y el Duca di Mantova (imposible no recordar aquí la grabación de Mario del Monaco...), papeles más ligeros en los que el germano no está ni cómodo ni convincente, más allá de la corrección y el buen desempeño profesional. Como bohemio Rodolfo y aristocrático Des Grieux también levanta perplejidades. En todos los casos el timbre es demasiado oscuro y el canto exhibe un ímpetu que a veces excede el carácter del personaje. Por último están las arias alemanas de Martha y Der Freischütz, sencillamente perfectas.

El acompañamiento de Marco Armiliato no entusiasma, como tampoco la Filarmónica de Praga. Todo lo contrario que la presencia de Claudio Abbado y la Mahler Chamber Orchestra, que son una de las razones absolutas para escuchar una y otra vez el segundo álbum, dedicado a cuatro colosos del repertorio germano: Mozart, Schubert, Beethoven y Wagner. Vaya lujo, don Claudio.

A pesar de la lengua común, dominada de forma natural, la dificultad del programa por las exigencias y las disparidades estilísticas y vocales es enorme. Y por ello el logro mayor. Más allá del timbre broncíneo, de la solidez del centro de la voz y el agudo resonante, Kaufmann seduce por la capacidad para matizar, apianando y regulando el canto, subrayando la palabra, en una combinación extremadamente atractiva y sutil. La voz tiene más empaque que la de un tenor lírico, y es más dúctil de lo que habitualmente resultan los spinto o dramáticos, todo lo cual hace que los papeles los aborde o con más espesor vocal, o con una capacidad de matizar poco frecuentes. Tamino, Fidelio, Siegmund y Parsifal conocen una dura competencia, pero está plenamente convincente. Fierrabras y Alfonso son menos conocidos e igualmente pertinentes y bienvenidos. Lohengrin ya se anunciaba referencial, como luego confirmaría.

El tercer álbum fue toda una declaración de intenciones: Verismo Arias. Kaufmann se reivindicó a sí mismo más allá del repertorio alemán y se dirigió sabiamente al repertorio italiano que mejor le podía sentar, en vez de irse al más conocido Verdi (don Álvaro esperaba ya en un futuro confirmado hace un año). Y grabó un álbum referencial. Estos días está cantando precisamente Andrea Chénier en Londres. Era de esperar. Y tampoco sería de extrañar que llegara Calaf, aunque personalmente no le termino de ver en Puccini, salvo, tal vez, Jack Rance. Para todos tiene el metal adecuado, la amplitud vocal y conoce el estilo, aunque no deba abusar de los golpes de glotis para lograr un efecto dramático. El “lamento de Federico” y las dos arias del Fausto de Boito están oportunamente aligeradas y matizadas. No podía haber escogido mejor presentación que el aria de Romeo de Zandonai. Y cierra de forma de modo espectacular con el dúo final de Maddalena y Chénier, acompañado por Eva-Marie Westbroek. Pappano es una batuta menos trascendente que Abbado, pero igualmente brillante guiando la orquesta de Santa Cecilia.

El último álbum está dedicado íntegramente a Wagner. La mayor sorpresa probablemente proviene de la ausencia de papeles que es de suponer que no abordará completos en escena, como Parsifal y Tristán. Pero es cierto que del caballero del Grial había grabado música previamente, y el guerrero celta está “esbozado” en los Wesendonck Lieder, siendo el segundo tenor –si no me equivoco– después de René Kollo que aborda y graba completo el ciclo, tras el único precedente parcial de Lauritz Melchior (la cuarta y la quinta canción) en 1935. El legato magnífico y el acento partícipe compiten sin rubor con las mejores interpretaciones femeninas. Tampoco Siegfred y Los maestros cantores de Núremberg comparecen con frecuencia en los recitales wagnerianos, y menos aún Rienzi. De modo que el programa no deja de ser original por inusual y Kaufmann lo realza con un canto muy atractivo, aunque no sea, en puridad un heldentenor.

En definitiva, una caja muy atractiva para quien no tenga ya los recitales, a pesar de las carencias en la presentación.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.