Discos

Una fábrica musical bien engrasada

Paco Yáñez

lunes, 9 de enero de 2017
Jonathan Harvey: Sringāra Chaconne. Enno Poppe: Scherben. Kaija Saariaho: Notes on Light. Emmanuel Nunes: Chessed I. Franceso Filidei: Finito ogni gesto. Michael Beil: Black Jack. Mauricio Kagel: In der Matratzengruft. Brian Ferneyhough: Finis Terrae. Klaus Lang: The Ocean of Yes and No. Carola Bauckholt: Schlammflocke. Jorge E. López: Gonzales the Earth Eater. Markus Brutscher, voz. Christine Chapman. Tuba wagneriana. Dirk Wietheger, violonchelo. EXAUDI vocal ensemble. Ensemble Musikfabrik. Stefan Asbury, Marcus Creed, Jean Deroyer, Sian Edwards, Emilio Pomàrico, Enno Poppe, Peter Rundel y Oto Tausk directores. Werner Wittersheim, productor ejecutivo. Martin Andrae, Andreas Gernemann, Markus Haßler, Mark Hohn, Bardo Kox, Reinhold Nickel, Thomas Sehringer y Uwe Sabirowsky, ingenieros de sonido. Tres CDs DDD de 76:16, 67:38 y 66:50 minutos de duración grabados en la WDR Funkhaus am Wallrafplatz de Colonia (Alemania), en agosto de 2005, enero y agosto de 2009, enero, junio, septiembre y octubre de 2010, enero y noviembre de 2012, y octubre de 2013. Wergo WER 6862 2, WER 6863 2 y WER 6864 2

Volvemos a adentrarnos en los mecanismos sonoros de esa factoría tan bien engrasada que es el Ensemble Musikfabrik. Al conjunto de Colonia dedica el sello alemán Wergo (¡cómo cuidan a sus grupos de música contemporánea, los sellos teutones!) una de sus series de música actual más interesantes, que alcanza su undécimo volumen con los estándares de calidad de los que ya habíamos dado cuenta en nuestra última reseña de esta colección (correspondiente a su octavo volumen).

La novena entrega de la serie de compactos dedicada a Musikfabrik comienza con el compositor británico Jonathan Harvey (Sutton Coldfield, 1939 - Lewes, 2012) y su centelleante partitura para ensemble Sringāra Chaconne (2008). Desde su ya habitual mirada a Oriente, rescata Harvey de la música india su sentido del color y el ritmo, aquí vinculado a una auténtica danza amorosa cuyos paisajes van de un impresionismo solapado, repleto de erotismo, a un pulso polirrítmico que diría bebe del último Ligeti. Desde murmullos pronunciados en el interior de los instrumentos, hasta los incisivos patrones de la chacona, pasando por una armonía de notable elegancia, Harvey demuestra que su música es capaz de nutrirse de fuentes estilísticas muy heterogéneas para rubricar el sutil aroma de interculturalidad que se destila en una bella partitura progresivamente conducida hacia la serenidad, hacia la 'pequeña muerte' que sucede a las más febriles danzas...

...por momentos también resulta febril Scherben (2000/2008), obra para ensemble del compositor alemán Enno Poppe (Hemer, 1969), que define esta página como una «sinfonía del siglo XXI», para lo cual ha creado 121 fragmentos musicales -de una duración media de cinco segundos- que combina según las similitudes de sus materiales en cuanto a timbre, principalmente. Se remite Poppe a los albores de la sinfonía en el siglo XX, a Gustav Mahler, para hablar de asociaciones instrumentales no convencionales, como la de tuba y contrafagot, lo cual depara un paisaje por momentos sombrío. Es parte de una panoplia de estilos que abarca desde ecos de Wolfgang Rihm a un poliestilismo con dejes humorísticos que nos recordará a la Chamber Symphony (1992) de John Adams, si bien en Poppe todo resulta más pastiche, sin la personalidad de dichas influencias, quedando Scherben en tierra de nadie.

En abril de 2012, al reseñar el cofre de cuatro discos compactos dedicado por Ondine (ODE 1113-2Q) a la finlandesa Kaija Saariaho (Helsinki, 1952), afirmamos que Notes on Light (2006/2010) era una de las más logradas partituras orquestales recientes de la finlandesa, aunque no conseguía rehuir lo convencional y lo efectista en sus planteamientos, vacíos de cualquier asomo de riesgo artístico, algo que llegaba a aburrir notablemente por la reiteración de tantos lugares comunes sobreexplotados en la música nórdica. Desgraciadamente, no ha cambiado mi percepción de la obra al escucharla en una nueva versión, aunque he de reconocer que ésta me parece mucho más atractiva que la de Anssi Karttunen y Christoph Eschenbach en Ondine. En el registro de Wergo es Dirk Wietheger quien asume la parte solista de violonchelo, mientras que Emilio Pomàrico dirige a un Musikfabrik capaz de más colores, texturas, capas y modernidad, en una lectura más vehemente y directa, cuya progresión hacia esa luz blanca en la que se desmaterializa la partitura resulta, así, más contrastante y matérica.

La última partitura del noveno volumen es Chessed I (1979/2005), pieza para ensemble de nuestro admirado Emmanuel Nunes (Lisboa, 1941 - París, 2012). Parte de A Criação (1977-2007), Chessed I se liga al resto de las obras de ese gran ciclo por medio de secuencias rítmicas complejas que se desarrollan como un gran organismo, a través de sucesivas etapas de afianzamiento en distintas agrupaciones instrumentales. Todo Chessed I está atravesado por el pensamiento numérico, así como por la numerología cabalística, derivada del Zohar, texto en el que se basó Nunes para adentrarse en la tradición mística judía: puerta de acceso a un universo en el que lo espiritual, lo literario y lo matemático se dan la mano de un modo tan próximo al pensamiento del compositor lisboeta (aunque rehuyendo lo religioso). Gershom Scholem es otra de las fuentes de las que bebe Nunes, analizando en los textos del filólogo israelí sus cadencias y musicalidad, su carácter de objeto sonoro. Todo ello hace de Chessed I un organismo extremadamente complejo a nivel rítmico, así como en cuanto a asociaciones instrumentales, de forma que la sensación que se acaba teniendo es la de escuchar prácticamente un entramado orquestal: tal es la proliferación y la riqueza acústica tejida por Emmanuel Nunes con su habitual rigor y seriedad en esta pieza de constantes desarrollos y brotes de energía.

Ya en el volumen 10, escuchar los primeros minutos de Finito ogni gesto (2010) nos podría hacer pensar que estuviésemos, prácticamente sin atisbo de duda, ante una página de Salvatore Sciarrino. Ahora bien, no se trata del maestro de Palermo, sino de uno de sus discípulos, Franceso Filidei (Pisa, 1973), que aquí nos ofrece una buena muestra de la fortísima impronta de Sciarrino sobre una música que, no por epigonal, resulta menos bella (aunque de menor personalidad). La indicación «andantino funebre» señala el tono elegiaco de la partitura, su caminar pausado y ceremonial como estela sonora que es para el poeta Eduardo Sanguineti, muerto en 2010. Tan sólo en los pasajes más convulsos se desmarca Filidei de la réplica sciarriniana, para dejar entrever un tono más irruptivo y xenakiano, aunque improntas de su maestro siguen aflorando por doquier, ya en las cuerdas, ya en la articulación de ritmos y alturas con rastros sublimados -vía Sciarrino- de la sillobazione scivolata barroca, etc.

Michael Beil (Stuttgart, 1963) nos propone una sonoridad más personal en Black Jack (2011), pieza muy ligada a sus exploraciones sobre la contraposición de sonidos acústicos en vivo y pregrabados, para adentrarnos en la reflexión sobre las calidades de los mismos (así como en la relación entre sonido e imagen, de ahí que sea una pena que esta grabación no se haya editado en formato audiovisual). Partitura vívida, de fuerte carácter percusivo, muy incisiva, se disfruta su energía y su inmersión en una plétora de técnicas contemporáneas fuertemente contrastantes que hacen su obra no tan poética como la de Filidei, pero sí repleta de guiños y reflexiones sobre las sociedades del siglo XXI, incluida la obsesión por el juego y la infantiloide banalización que asola tantas vidas en la actualidad...

...si de algo no pecó nunca Mauricio Kagel (Buenos Aires, 1931 - Colonia, 2008) fue de banal. In der Matratzengruft (2007-08) sería un buen ejemplo de ello, poniendo de nuevo en contacto al maestro argentino con una historia de la que siempre fue agudo y crítico lector. Los vínculos de Kagel con el romanticismo, con los Beethoven, Schubert o Schumann, son bien conocidos, y han dado lugar a algunas de sus partituras más lúcidas en lo que respecta a la inserción del creador en los flujos históricos con los que, consciente o inconscientemente, se referencia y engasta; algo de lo cual piezas como Ludwig van (1969) o Aus Deutschland (1980-81) son un soberbio ejemplo. In der Matratzengruft vuelve a transitar los terrenos de una actualización contemporánea del lied, aquí a partir de poemas tardíos de Heinrich Heine a través de los cuales Kagel se adentró en el umbral de la muerte, siendo In der Matratzengruft su última partitura (de hecho, quedó inacabada). Se trata de un Kagel sombrío, de un lirismo oscuro, que sin embargo no rehúye la voluntad de encender una última luz en las puertas mismas del óbito (y el compositor argentino era muy consciente de ello; al menos, así me lo hizo ver en una carta que de su puño y letra recibí pocos días antes su muerte en Colonia, y cuyo significado sólo llegué a comprender plenamente cuando recibí la noticia de su fallecimiento). Este ciclo de quince canciones me ha devuelto a aquellos días, pero a pesar de todos los presagios que él mismo conocía en detalle, como hombre que nunca perdió la lucidez hasta el mismísimo final, Kagel quiso dejar un canto del cisne repleto de poética, de cruda consciencia de lo transitorio de esta vida; pero, al tiempo, un brindis por ella. El hecho de que Musikfabrik se haga cargo de esta lectura es especialmente pertinente, pues refleja la estrecha colaboración de Mauricio Kagel con el conjunto de Colonia, al cual lo vimos dirigir en A Coruña pocos meses antes de su muerte, pleno de fuerza y lucidez...

...cerca de la capital herculina se sitúa uno de tantos fines del mundo como el hombre y la historia han ido diseminando por la Tierra: señal inequívoca de la estrategia y de los múltiples puntos de vista que subyacen y mueven a la geografía. Pero no es el Finisterre gallego al que Brian Ferneyhough (Coventry, 1943) se asoma en la primera partitura del undécimo volumen de la serie Musikfabrik, sino al fin del mundo de Cornualles, al que dedica su obra para ensemble Finis Terrae (2012). Lo inhóspito de la zona, sus oscuras morrenas glaciares abismadas al mar, ofrecen un punto de partida a Ferneyhough para retrotraerse millones de años en la historia y plantear una partitura especialmente física, repleta de violentas irrupciones y contrastes, en la que los ritmos se enfrentan y superponen con una celeridad que parece condensar miles de años de procesos geológicos. Ello genera un paisaje que se diría inhumano, arcaico, desolador; como es habitual en Ferneyhough -en esta página, especialmente-, de una complejidad endiablada, por las múltiples direcciones en que se mueve el sexteto vocal y el ensemble de dieciocho músicos. Las continuas avalanchas y corrimientos de placas tectónicas desestabilizan a voces y ensemble inmisericordemente, sintiendo de un modo muy físico cómo los pilares del sonido se tambalean, destruyen y dejan lugar a nuevos modos de organización: de ahí que, en sus apenas 14 minutos de duración, cuando hayamos acabado la audición de Finis Terrae tengamos la impresión de haber visitado más de un confín de la Tierra, así como la superposición de varias partituras en una misma escucha: tal es su prolijidad y frenesí.

Con el austriaco Klaus Lang (Graz, 1971) y The Ocean of Yes and No. (2008) llegamos a una de las partituras más bellas de estos tres compactos. Pieza serena y extática, parece fundir los universos tardíos de Luigi Nono y Morton Feldman, con unas irrupciones de los metales que nos remiten -más esfumadas y apenas audibles- al veneciano, y un sentido de la deriva de los materiales en microscópicas transformaciones que nos pone en la senda del neoyorquino. Una densa bruma cubre al ensemble, velando sus sonoridades, cual calima sobre un océano sonoro en el que emergen los citados apuntes de reminiscencias nonianas. Relacionada con el budismo zen, la estética de Klaus Lang bebe, igualmente, de una concepción organística derivada de la práctica en dicho instrumento del compositor, con su armonía expandida y unas estructuras de acordes superpuestos que crean campos de una abigarrada verticalidad; de ahí, su densidad, expuesta en un tempo muy lento en el cual cada compás malea al conjunto cual soplos de aire. Belleza en estado puro.

Tras la audición de una pieza tan espiritual como The Ocean of Yes and No., adentrarse en Schlammflocke (2010), de la alemana Carola Bauckholt (Krefeld, 1959), parece conducirnos a un espacio naíf o esperpéntico. Sin embargo, más allá de sus sonoridades zoológicas, estamos ante una reflexión sobre los procesos que se desarrollan en la depuración biológica por fangos activos, y cómo estos tratan los residuos y limpian las aguas. Ahora bien, para revelar musicalmente ese mundo microscópico, Bauckholt recurre, como en tantas otras de sus partituras, a una 'fauna filarmónica' compuesta por sonidos de aves, monos, cocodrilos, leones marinos y diversas especies de ranas. Como se pueden imaginar, el tumulto resultante parece invitarnos a las salas de un zoológico, acompañadas las grabaciones de sus gritos por todo un correlato instrumental de sonoridades ruidistas que agudiza la sensación de marasmo y desorientación, lo cual, aunque se trate de una realidad biológica tan diferente, es una vía idónea para conocer ese mundo secreto, oscuro y, para nosotros, inaudible: el de los fangos, pero en el cual se intuyen procesos de una violencia y prodigalidad pareja a lo aquí escuchado, y que a uno lo retrotraen a esos mundos inquietos de ciertas obras gráficas de Antonio Saura, como Manière I (1977), Dans le milieu (1984), o Constelación II (1993), entre tantos otros universos microscópicos repletos de vida.

La última partitura de este repaso a los volúmenes 9, 10 y 11 de la colección Musikfabrik en Wergo nos lleva a Jorge E. López (La Habana, 1955), por medio de su partitura Gonzales the Earth Eater (1996). Cuando en febrero de 2009 entrevistamos al compositor cubano, éste nos decía, con respecto al humor en sus partituras, que era una presencia «de corte irónico, que tiene alguna conexión con el Surrealismus. Lo irónico también tiene relación con la música de Charles Ives, donde también aparecen esos elementos; y si hay humor, casi siempre es un humor muy negro; y también tendrá, a veces, que ver con mi independencia con respecto a los dogmas sociales, mi inconformismo, en especial». Aquí lo humorístico se tiñe, igualmente, de negro, de la mano de la novela The Soft Machine (1961), de William Burroughs; obra ambientada en la ciudad ficticia de Puerto Joselito, localidad sudamericana que se convierte en una auténtica escombrera en la que sus habitantes viven bajo kilos de basura, incluso deambulando muertos por sus calles, como el caso de un González the Earth Eater que se niega hasta en tres ocasiones a ser sepultado, encontrando siempre una forma de comerse la tierra para buscar una salida de su tumba. La curiosa instrumentación de este quinteto, con tuba wagneriana como voz principal, junto con clarinete bajo, corno inglés, viola y violonchelo, procede a esa búsqueda empecinada de salidas hacia la superficie, hacia las alturas del sonido, en una música que no cesa de elevarse, y a la que se asoma lo sobrenatural, especialmente por medio de la tuba, dando fe del universo alucinatorio de Burroughs, con sus fantasmas errantes. 

Como ya hemos venido avanzando en algunas de las partituras, las interpretaciones son verdaderamente excelentes, mostrando dos de las cualidades más definitorias de Musikfabrik: una técnica impecable y una cultura sonora poderosa, acerada, de rotunda expresividad. La soberbia nómina de solistas y directores que acompaña al ensemble alemán entiende a la perfección el estilo del conjunto de Colonia, por lo que la rotundidad de las lecturas las hace a todas ellas referenciales (aunque escasean las versiones alternativas). Excepto la página de Enno Poppe, todas las obras se ofrecen en primera grabación mundial, lo que refuerza el interés de las tres ediciones reseñadas (como el de toda la serie desde su primera entrega). 

Las tomas de sonido son impecables todas ellas; y, como es habitual en Musikfabrik, se trata de registros a cargo de una de las radios alemanas que mejor graba, entiende y difunde estos repertorios: la WDR de Colonia. Por último, señalar, como ya hicimos en el octavo volumen de la serie, lo particular (y un tanto engorroso) del diseño del libreto, inserto en un bello póster desplegable con obras de Gerhard Richter, en este caso: 4.10.1985 (1) (1985), en el volumen 9; Blumen (1994), en el volumen 10; y Abstraktes bild (1999), en el volumen 11. Es una presentación, como todo el diseño de estos tres compactos y sus respectivas cubiertas de plástico transparente, que apuesta por lo artístico, lo cual refuerza la apuesta unitaria de moderna creatividad de las piezas musicales.

Estos discos han sido enviados para su recensión por Wergo

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