Reino Unido

La mágica belleza de L'amour de loin en versión de ópera-concierto

José-Luis López López
miércoles, 27 de noviembre de 2002
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Londres, jueves, 21 de noviembre de 2002. Barbican Hall. Kaija Saariaho: L'amour de loin. Ópera-concierto en dos actos (2000). Libreto de Amin Maalouf. Brian Kirk, Dirección Escénica. Alan Carter, Realización de la Dirección Escénica. Dawn Upshaw (Clémence, Comtesse de Tripoli), Beth Clayton (Le Pèlerin), Gerald Finley (Jaufré Rudel, prince de Blaye et trobadour). London Voices. BBC Symphony Orchestra. Director: Robert Spano. Aforo: 2.000 localidades. Ocupación: 90 %.
0,0003389 L'amour de loin, de la finlandesa Kaija Saariaho es, sin duda, el mayor éxito operístico de los últimos años. Estrenada en Salzburgo con éxito apoteósico en el Festival de 2000, ha viajado a París y a Santa Fe de Nuevo México (aparte de una atípica y no muy lograda producción propia del Stadttheatre de Berna). Pero esta prémiere británica se enfrentaba a una prueba de fuego: concurrían a la representación la excelente BBC Symphony Orchestra y una extraordinaria formación coral; un sobresaliente director, Robert Spano, que ya había dirigido la obra en Santa Fe el pasado verano, donde también habían participado Dawn Upshaw (en realidad, el papel de 'Clémence' ha sido monopolizado, salvo en Berna, por la soprano americana desde el propio estreno, ya que fue compuesto pensando en ella) y el barítono canadiense Gerald Finley como 'Jaufré' (presente en este papel desde las representaciones de Paris). Solamente, la joven mezzosoprano, también norteamericana, Beth Clayton, intervenía por primera vez, como 'el Peregrino'.Pero faltaba la aportación de Peter Sellars, el genial director de escena, cineasta y creador televisivo, que en las representaciones anteriores había creado prodigiosos climas escénicos ¿En qué iba a quedar tanto éxito en una versión de casi concierto? Y digo casi, porque aunque la orquesta estaba en el escenario, no en el foso, sin embargo el movimiento escénico de los tres solistas, y la disposición de los dos coros (el masculino, el de 'los amigos de Jaufré'; el femenino, 'las tripolitanas'; por cierto, excepcionales ambos grupos de las London Voices) así como la iluminación (dorada, solar, del coro femenino; azul plata, lunar, del masculino) dotaba a la representación de un penetrante simbolismo, que producía la impresión, no de una ópera en versión concertística, sino de una ópera-concierto en una sola pieza. El crítico británico John Allison escribía en The Times del sábado 23: 'la falta de la escenografía de Peter Sellars hacía temer que estábamos ante el típico compromiso para salir del paso [poco menos que un compromiso chapucero] británico'. Sin embargo, el propio Allison añadía: 'esa ausencia no quitó brillo alguno al hipnótico acontecimiento musical'. En efecto: la composición de Saariaho se combina a la perfección con el hermoso libreto del poeta y novelista libanés, residente en Francia, Amin Maalouf (libreto que ha sido bellamente editado recientemente por Alianza Editorial, en edición bilingüe del texto francés original y su traducción castellana), consiguiendo en esta conjunción un exquisito efecto, lleno de profundidad, delicadeza y misterio.L'amour de loin, igual que Pelléas et Mélisande de Debussy, o Tristan e Isolda de Wagner, es una ópera poética, en la que más que la acción dramática externa, predominan la interioridad de los personajes y, en último término, la reflexión sobre los dos temas eternos del ser humano: el amor y la muerte. 'Jaufré Rudel' (un personaje real del siglo XII, inspirador de obras literarias, con anterioridad a Maalouf, de Petrarca, Heine, Carducci, Browning, Rostand... ), principe de Blaye y trovador provenzal, se cansa de la vida cómoda y vulgar que lleva, y acomete la utópica empresa de encontrar el amor verdadero, enfrentándose a las burlas de sus amigos. Pero he aquí que aparece el personaje del 'Peregrino', llegado de Tierra Santa (interpretado por la mezzosoprano), y le habla de 'Clémence', que se convierte, a partir de ese momento, en el amor de lejos (amor de lohn, en lengua occitana) del trovador. El 'Peregrino' cruza el Mediterráneo hasta Tripoli, y le habla a 'Clémence' de 'Jaufré', su amor lejano. 'Clémence' reacciona primero con desconcierto, y después con irritación, hasta que el 'Peregrino' recita los poemas del trovador:Hermosa sin la arrogancia de la hermosuraNoble sin la arrogancia de la noblezaPiadosa sin la arrogancia de la piedad...y entonces, aunque ocultamente, se conmueve y comienza a sentir las tiernas dudas y los temblores de amor por el trovador lejano.De regreso en Aquitania, 'Jaufré' interpela con ansiedad al 'Peregrino' acerca de la respuesta de 'Clémence': a su vez se irrita, se desconcierta, se exalta ante las noticias que le trae el mensajero, y decide emprender viaje por mar hasta Trípoli. Mientras, 'Clémence' ocupa su pensamiento cada vez más con los poemas de su amor lejano, y su corazón cada vez está más prendado de las palabras de él. Paseando por la playa, canta alguno de los poemas de 'Jaufré', mientras un grupo de mujeres de Trípoli (el coro femenino) le advierte que comete una locura, entregándose a las palabras de un trovador, mientras desdeña a los mejores pretendientes, a cambio solo del sufrimiento:¿No sufrís por estar tan lejos de quien os ama?¿No sufrís por no sentir nunca su aliento en vuestra piel?Pero 'Clémence', como extrañada, pensando que no ama al hombre, sino al poeta, contesta:No, por Nuestro Señor, no sufroNo, por Nuestro Señor, no le esperoNo le espero...El inicio del viaje por mar de 'Jaufré', que confiesa ser ese su primer viaje por mar, acompañado por el 'Peregrino', quien, por el contrario, afirma no saber si esta es su décima o duodécima travesía, es luminoso y feliz. Pero cuando los días van transcurriendo, y el barco acercándose a su destino, el ánimo del trovador cambia, y de tal manera, que ahora siente desesperación y miedo:¡De lejos, el sol es luz del cielo pero de cerca es fuego del infierno!¿Por qué tenía que acercarme a la estrella incandescente?Su emoción y su fiebre por el amor perfecto con el que se va a encontrar, lo hacen enfermar gravemente. Estalla una tormenta, 'Jaufré' se tambalea, y el 'Peregrino' lo ayuda a tumbarse.El último acto, ya en Trípoli, se inicia con la llegada del barco, en medio de la algarabía del coro de las 'Tripolitanas' que anuncian la llegada del trovador. Pero el 'Peregrino' le trae a 'Clémence' la fatal noticia: 'Jaufré Rudel' se está muriendo, y cuatro hombres lo transportan en unas parihuelas hasta la morada de la condesa. Ya no queda tiempo: 'Clémence' y 'Jaufré' se encuentran, se 'descubren' y se confiesan con las más dulces palabras su amor mutuo, hasta que, al poco, el amado muere en brazos de la amada.La escena final es conmovedora. El 'Peregrino', anonadado, expresa su dolor y su remordimiento:¿Y a mí, Señor, por qué me has escogido para esta tarea?De una orilla a otra, de una confidencia a otracreía tejer los hilos blancos de un vestido de novia;¡sin saberlo, tejía una mortaja!Y ('Soy la viuda de un hombre que no me ha conocido') la terrible plegaria última de 'Clémence' llena de rabia y de dolor, cuyas ambivalentes palabras pueden significar tanto una oración a Dios, como un canto a su amor de lejos:Seigneur, Seigneur, c'est toi l'amour,C'est toi l'amour de loin…La música de Saariaho integra de manera perfecta el bellísimo texto. Utiliza las técnicas de la música contemporánea para servir a su sensibilidad creadora,Y el perfume de Debussy, de Messiaen, de lo mejor del espectralismo francés... adquiere en ella un matiz genuino, una personalidad propia. Cuando recurre a la música electrónica, especialmente durante las intervenciones de los coros (que a veces aparecen como personajes colectivos, y otras son una prolongación sonora de la orquesta), en todos los casos la funde con el conjunto acústico. Incluso los numerosos microintervalos, en vez de molestar al oído, refuerzan el misterio y la sutileza de la obra. El resultado es de una belleza irreal, como de otro mundo. Es bien sabido el amor 'militante' por la belleza de la compositora (que le procura frecuentemente las opiniones más que negativas de los popes de la crítica autoritaria, que siguen añorando el viejo dogma al que aún llaman vanguardia: para ellos, la belleza, en la música contemporánea, es signo de 'facilidad' y 'superficialidad').La ópera-concierto ha sido servida excelentemente en esta ocasión por la orquesta de la BBC, a cuyo frente Robert Spano ha logrado una sensitiva interpretación, tanto en las melodías envolventes como en las texturas entremezcladas, así como en los momentos de intensidad dramática, que han sido afrontados con una plena convicción. Ya se ha mencionado la excepcionalidad de las London Voices. En cuanto a los solistas, Gerald Finley, maduro y sensible, fue perfecto en su papel de 'Jaufré'. La joven Beth Clayton se reveló como una mezzosoprano de lujo: le pone difícil a Lilli Paasikivi, el ser la tercera solista 'fija' de esta ópera, junto a Findley y Upshaw. En cuanto a esta, está claro que 'Clémence' es uno de los papeles de su vida. Tomando las palabras de Allison, 'administró las líneas melismáticas con facilidad angelical'. Pero fue en la escena final de la plegaria-imprecación hacia-contra Dios, cuando Dawn Upshaw mostró tal poderío y delicadeza al mismo tiempo, que dejó sin respiración a los casi 2000 espectadores que llenaban el Barbican Hall. Una obra prodigiosa, llena de magia y de profundidad. Y si fue así en una interpretación de ópera-concierto, ¿cómo no será en la próxima representación en la que se añada la magia visual de Peter Sellars? Esta primavera, en Darmstadt podemos tener ocasión de comprobarlo. Y mientras tanto, a esperar, al menos la grabación. De momento, hay que conformarse con la lectura del precioso libreto bilingüe de Amin Maalouf (y, si les place, no se pierdan, por favor, la mejor novela de este autor, La roca de Tanios: al fin y al cabo, Kaija Saariaho ha manifestado que su próxima ópera, encargada por Mortier para estrenarla en La Bastille en 2006, sólo la compondrá si tiene otro libreto de Maalouf).
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