Discos

Un esfuerzo colosal

Paco Yáñez
viernes, 4 de abril de 2003
Francisco Guerrero: Coma Berenices; Ariadna; Sáhara; Oleada; Antar Atman. Orquesta Sinfónica de Galicia. José Ramón Encinar, director. Miguel Ángel Barcos & Lucho Alonso, ingenieros de sonido. Wulf Weinmann, productor para Col legno. Juan Lucas, productor ejecutivo. Un compacto DDD de 54 minutos de duración grabado en el Teatro Rosalía de Castro de A Coruña en abril y septiembre de 1999, y marzo de 2000. Col legno WWE 20044
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"En España, Guerrero"(1), decía Xenakis al referirse a la música de nuestro Estado, y ciertamente el presente compacto no hace sino reafirmar, en mi opinión, dicha apuesta; una apuesta que él realizaba desde el conocimiento cercano de la obra del andaluz; que sin embargo ha permanecido muchos años sin difusión para la mayoría de los melómanos, por falta de grabaciones de la misma.

La verdad es que se me haría muy difícil recontar las veces que, en estos últimos dos años, he visitado la página web de Col legno esperando el lanzamiento del CD que ahora, ¡por fin!, nos ocupa ... Horas eran.Se trata, por lo tanto, de una labor fundamental en la divulgación de la obra de Guerrero, que hasta el momento no había gozado de una difusión, en lo orquestal, tan sólida como la que este compacto puede facilitar.La grabación de la obra orquestal de Francisco Guerrero (Linares, 1951 - Madrid, 1997) fue realizada en A Coruña entre los años 1999 y 2000, no sin ciertas reticencias por parte de la orquesta y con un colosal trabajo y fe en el proyecto por parte de José Ramón Encinar, uno de los grandes protagonistas de este disco.

Las obras recogidas en el presente compacto abarcan 17 años (1980-1996) del trabajo creativo de Guerrero y suponen una muestra idónea para conocer lo que fue la labor musical de sus últimos años de vida; años en los que Guerrero intentó aunar música y ciencia en pos de una suerte de arte multidisciplinar con la cual explicar y expresar las más diversas formas y realidades.

A pesar de que este compacto no presenta las obras de forma cronológica (algo que considero un error); yo sé me serviré de este criterio para analizar el contenido del mismo; pues creo es muy importante su escucha en progresión temporal, poniendo énfasis en los avances del trabajo de Guerrero.Antar Atman (1980), para gran orquesta; supone un gigantesco magma musical que fluye con marcados modelos combinatorios entre las secciones orquestales y dentro de las mismas entre los instrumentistas; trazando profundas relaciones desde el todo a las partes. No es una obra de grandes clímax orquestales, sino de una continua masa sonora ricamente interrelacionada y profundamente compleja, en la que casi no decae la tensión en ningún momento.

En Antar Atman Guerrero pretende conjugar fuertemente la parte constructiva y la parte expresiva del lenguaje, dotando a ambas de una coherencia poco común, buscando lo que él mismo denominaba “arte potente”, y del cual podemos decir, sin duda, que es fiel representante, como escucharemos a lo largo de todas las obras.

La obra, de 8’ 48” de duración, goza de una gran lectura por parte de la OSG y en ella destaca el colosal trabajo de Encinar ensamblando el conjunto y dotando de sentido al entramado musical. Los metales y maderas sostienen la práctica totalidad del discurso de Antar Atman y muestran buena parte del estilo que caracteriza las versiones de la OSG en todo el compacto; con una gran claridad de ejecución y un control del rango dinámico muy cerrado, sobre todo en los tutti de metales, especialmente contenidos; algo que no se puede decir de la percusión, con unas apariciones realmente demoledoras y que en ocasiones "tapan" algo al resto de los instrumentistas. La cuerda, escasamente audible más allá de los violentos pizzicati, está soberbia como en todas las demás obras; a ella confía Guerrero la conclusión de esta pieza, tras la cual uno se queda literalmente sin aliento.

Ariadna (1984), para 10 violines, 5 violas y 5 violonchelos; es también una obra basada en procedimientos de combinatoria y en cierto modo, con Antar Atman, marcan una etapa diferenciada de las tres piezas posteriores. De nuevo, el tejido que dibuja Guerrero es tremendamente denso, pero a la vez suena flexible y plural como pocos, por las fluctuaciones de tensión que la tejen. Hace alusión Stefano Russomanno en las notas del libreto, al "terror al vacío" de la cultura arábigo-anadalusa; un "terror" que parece heredar Guerrero en el diseño de Ariadna, donde todo el mural sonoro se cubre hasta el más mínimo poro, de forma que el tejido resulta tremendamente compacto. Ariadna supone un despliegue exhaustivo de las posibilidades técnicas de la cuerda; glissandi, pizzicati y todo tipo de recursos hacen esta una pieza muy atrayente para el oyente, más allá de las complejas reglas que sustentan su flexible esqueleto.

La versión de la obra que nos ofrece Encinar con la OSG es notable, pero inferior al resultado en obras más complejas como Sáhara o incluso Oleada. Influye también de forma negativa una toma de sonido un poco inferior a lo largo de sus casi 8 minutos; algo más seca que la del resto del compacto.

Sáhara (1991), para orquesta; supone el comienzo de la aplicación de los principios de la geometría fractal en la obra orquestal de Guerrero (2). La utilización de dichas técnicas busca la ordenación del caos o de un conjunto de información difusa, trazando las estructuras que lo describen y que, mediante los fractales, pueden reconstruir dichos modelos aplicados a otras realidades, como la propia música. Guerrero utilizaba la imagen de la onda como ejemplo, y de la misma forma lo aplicaba a la duna, la arena, el viento y la totalidad de sus relaciones en el desierto. Guerrero pretendía una ratio numérica y con ella una fractalidad que realizara, estandarizara y lo generara todo.

No podemos decir, pese a ello, que Guerrero fuese un músico de base puramente matemática, y quizás ahí se diferencia de su maestro, Iannis Xenakis; en tanto que Guerrero, más allá del diseño fractal y matemático del modelo, diseña las formas musicales una vez planteada la estructura que lo soporta, de forma que su resultado es musicalmente más acabado. Este valor hace la música de Guerrero más "digerible" al público y su presencia realmente impactante; pues el oyente, sin necesidad de profundizar en las relaciones que sustentan al todo y lo conectan mediante los citados modelos, percibe la totalidad de la forma y su trabajada elaboración. Sáhara permite una mirada tanto a los granos de arena como a la forma de la duna, y sobre todo a las relaciones que sostienen, y es por ello que su escucha resulta siempre novedosa y llena de nuevas líneas de análisis.

Como Ariadna, Sáhara revela una gran maestría de Guerrero a la hora de exprimir las posibilidades expresivas de los instrumentos, con una importancia capital; de nuevo, de la cuerda (a la que de hecho se le confía la primera parte de la obra), de la que se extrae todo tipo de sonidos, poniendo a los instrumentistas literalmente al límite de sus posibilidades físicas y mentales, pues las citadas relaciones del modelo fractal suponen un trabajo de interacción entre el instrumento, su sección y el conjunto de la orquesta colosal; materializado en verdaderos "tsunamis" de sonido donde junto a la forma global percibimos con nitidez los arrastres, pellizcos, armónicos... de los distintos instrumentos.

De Sáhara existía otra grabación en el mercado; la realizada por Zoltán Peskó con la SWF Sinfonieorchester Baden-Baden con ocasión de su estreno el 11 de noviembre de 1991 en el Festival de Música Contemporánea de Metz.La versión de Encinar con la Sinfónica de Galicia resulta, en líneas generales, más acabada y redonda que la del estreno en Metz, que es más ruda, agresiva y menos clara. Es también cierto que la nueva grabación tiene un sonido más nítido y mejor espacializado, algo fundamental en el registro de obras tan masivas y monumentales.

Sería oportuno dividir dichas versiones en dos partes; hasta la entrada del metal (6' 14” en la versión de Encinar; 6' 08” en la versión de Peskó), que marca un antes y un después en las mismas.En la primera parte, la versión de la OSG dibuja la obra con mayor claridad en lo que se refiere a la forma global, con un fluir mucho más cómodo del discurso, ensamblando las secciones de forma más ordenada. La versión de Peskó con la SWF es más deslavazada y atomizada; por momentos parece querer poner el énfasis en los ataques de los instrumentos en solitario más que en el trazo global de la obra; es por ello que resulta algo más confusa y caótica.La segunda parte, con la participación ya del conjunto de la orquesta, nos muestra una radicalización en el discurso de la lectura de Peskó, sobre todo por el fortísimo con que atacan los metales constantemente; levantando un muro de sonido realmente opresivo y brutal. La lectura de Encinar continúa con una enorme claridad expositiva y las entradas de los metales son mucho más livianas, como dibujando un fondo, un paisaje dunar que se pierde a lo lejos; lo que permite a la cuerda de nuevo mostrar con nitidez el entramado de la obra, con transformaciones constantes de los motivos generadores iniciales. El final de Sáhara me gusta más; sin embargo, en la versión de la SWF/Peskó, que modela el rango dinámico mucho más claramente y en la cual el diminuendo está mucho más marcado, pleno de sentido; donde la OSG finalizaba la obra de forma algo fría y seca.

En líneas generales, por lo tanto, es la de Encinar una versión preferible para conocer la obra y su complejo entramado, por su gran claridad global y por el trabajo de la cuerda en particular.Oleada (1993), para 26 violines, 10 violas, 8 violonchelos y 6 contrabajos; es una obra bien conocida por José Ramón Encinar, que dirigió su estreno. Se trata de una pieza compuesta con apoyo informático, fruto del trabajo desarrollado con el ingeniero Miguel Ángel Guillén y que se materializó en un programa utilizado por Guerrero a partir de 1992. Dicho programa permitió al andaluz un control mucho más exacto de sus composiciones, sobre todo en las relaciones internas de las mismas.

En Oleada, Guerrero continúa utilizando la geometría fractal como proceso de análisis y descripción, a partir del cual derivar proporciones con las que construir formas sonoras. Oleada describe, como su nombre indica, una ola, pero no de forma naturalista, sino analizando las leyes que rigen sus relaciones internas. Fruto de este análisis se deriva una obra fluida e impresionantemente densa, donde las partes configuran un todo tan interconectado que resulta casi imposible distinguir las distintas voces internas en la orquesta.

La versión que escuchamos en este compacto es muy satisfactoria, apoyada en una sobresaliente cuerda, a la cual se exige una interpretación en los límites de los arcos sonoros de cada instrumento; desde la agudísima tesitura de los violines hasta el insondable fondo que cimentan los contrabajos. José Ramón Encinar, gracias a su experiencia en la obra, consigue materializar las ideas de Guerrero de forma meridianamente clara, teniendo en cuenta; eso sí, que nos encontramos ante una de las piezas para cuerda más endiabladamente complejas que podamos escuchar hoy en día.Coma Berenices (1996), para orquesta; es la última obra de Guerrero y, a pesar de que por esta época dice "no me interesa nada que no mire hacia delante", supone hasta cierto punto una recapitulación, una síntesis de sus avances anteriores.

Así, en Coma Berenices, escuchamos los planteamientos que caracterizaran el trabajo de la cuerda en Oleada, las maderas en la segunda parte de Sáhara o el metal de Antar Atman; todo ello llevado a un grado máximo de complejidad y suponiendo un tremendo requerimiento a la orquesta, cuyas secciones intervienen a lo largo de toda la obra; de base nuevamente fractal.

Es Coma Berenices también el punto más alto, junto con Sáhara, de este compacto; una de las interpretaciones más acabadas de la OSG y Encinar. La lectura se apoya en esta ocasión en una muy buena toma de sonido, magníficamente espacializada, lo cual ayuda a percibir con claridad la totalidad y sus múltiples detalles. La cuerda continúa con el alto nivel mostrado en las anteriores obras (ahora menos protagonista); las maderas se mueven sobresalientemente en el agudo en que las mantiene Guerrero, siendo audibles incluso en las entradas de la percusión y los metales; metales que en esta obra están más sueltos que en las anteriores, y que hacia el final de la misma recrean una suerte de redes micropolifónicas que recuerdan mucho al Ligeti de Atmosphères. Mención especial en Coma Berenices, cómo no, para la percusión; quizás el instrumento en el que Guerrero más virulencia depositaba. No es una percusión especialmente elaborada y resulta bastante simple en su orquestación, pero la fuerza que transmite al conjunto (dispuesta abrazando a la orquesta) es arrolladora, más si se percute con la decisión de los solistas de la OSG. Encinar realiza unas lecturas muy claras y planificadas a lo largo de todo el compacto, y quizás las entradas de la percusión en esta obra son las únicas que se escapan a un planteamiento muy controlado. Una audición, por ejemplo, del minuto que va entre el 11’ 25” y el 12’ 22” nos da buena muestra de como en ocasiones los percusionistas tapan al resto de la orquesta quizás en exceso.

Coma Berenices es el punto culminante de un proceso que, por desgracia, se truncó en su máximo esplendor, cuando Guerrero penetraba en soluciones sonoras que a muchos le parecen aún hoy "delirantes". Es difícil saber en qué punto estaría a día de hoy Guerrero si, como el deseaba, pudiese haber seguido mirando hacia delante... como en el caso de Schubert, Mahler, Debussy y tantos otros nos quedaremos para siempre con la incognita...

Como vemos, el esfuerzo ha sido colosal, dadas las exigencias que Guerrero supone para la orquesta, y que para muchos van más allá de lo físicamente posible. Me escribía el editor de Mundoclásico.com hace unos días que para tocar lo que Guerrero ha dejado escrito serían necesarias "manos de ocho dedos y bocas de dos leguas"; obviamente a tal grado no llega la complejidad de sus obras, pero sí es verdad que las dificultades técnicas de las últimas obras de Guerrero son casi insalvables; algo que algunos musicólogos achacan a insuficiencia en su formación técnica y/o a graves problemas personales en la recta final de su vida. Es obvio, consultando cualquiera de las partituras que en este compacto se interpretan, que Guerrero no tenía la maestría en la notación de un Lachenmann, pongamos por ejemplo; pero al tiempo la audición de sus obras nos muestra realizaciones impresionantes que quizás no puedan ser asumidas por cualquier formación. La Orquesta Sinfónica de Galicia ha venido demostrando en los últimos años su alto nivel, pero es cierto que no es esta la música que suele frecuentar, ni otras de una dificultad semejante. El resultado lo considero como muy notable, pero siempre me quedará la duda de qué podrán hacer con estas obras orquestas como la Berliner Philharmoniker o la Ensemble Modern Orchestra... Espero que alguno de estos años el mercado nos dé otra agradable sorpresa como la que a día de hoy constituye este esperadísimo compacto.

En resumen, estamos ante un interesantísimo CD que nos muestra buena parte de las mejores obras del, para mí, más importante compositor español de las últimas décadas y aquel que más decididamente estaba conectando la música española con las vanguardias europeas (los nexos con Xenakis y Ligeti se me antojan claros). Se trata, por lo tanto, de un lanzamiento capital para comprender la música española de los años ochenta y noventa, y como tal es uno de los acontecimientos discográficos del año y de lo que va de siglo.

Notas bibliográficas

(1) Rodeiro, Manuel, Notas al programa de las XII Xornadas de Música Contemporánea de la Universidad de Santiago de Compostela. Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela - Centro Galego de Arte Contemporánea, 1998.

(2) Rodeiro, M. Notas…. García Estefanía, Álvaro, “Introducción a la figura de Francisco Guerrero Marín”. En www.nelsonalfonso.com/sgae (1998). Marco, Tomás (2002): Pensamiento musical y Siglo XX, Madrid: Fundación Autor, 2002. Russomanno, Stefano, El grito de la materia. Notas al libreto del CD Col legno WWE 20044 (2003). Téllez, José Luis, Boletín Diverdi Nº 112 (Madrid: 2003)

Discografía complementaria

Sáhara. (incluido en 20 ans de musique contemporaine à Metz) SWF Sinfonieorchester Baden-Baden / Zoltán Peskó. Col legno 31830. 6CDs.

Coma Berenices. (incluido en Compositores andaluces después de Falla). Orquesta de Córdoba / Leo Brouwer. Almaviva DS-0129. 1CD.

Concierto de cámara; Ars Combinatoria; Delta Cephei; Anemos C. Proyecto Gerhard / Ernest Martínez Izquierdo. Almaviva DS-0133. 2CDs.

Zayin I-VII. Arditti String Quartet. Almaviva DS-0127. 1CD.Actus. (en 3er Concurso "Arpa de Oro" Confederación Española de Cajas de Ahorros) Conjunto de cámara / José María Franco Gil. RCA RL 35167. 1LP.

Acte Préalable. (incluido en Música de cámara contemporánea) Grupo Koan / José Ramón Encinar. RTVE-RNE Ame 002. 1CD.

Opus 1. Manual. Jean PierreDupuy. Stradivarius STR 33399. 1CD.Música electrónica: Cefeidas; Rigel. Hyades Arts hy CDX-1. 1CD.

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